(Una introducción a Haciendo las obras de Jesús: Libro 1: Convirtiéndose en un discípulo que ama)
El ministerio es para todos los creyentes
Tal vez usted y yo tengamos esto en común. Yo no trabajo a ‘tiempo completo’ en el ministerio, no tengo a mi cargo una organización sin fines de lucro y he desempeñado trabajos seculares por más de veinticinco años. Actualmente, no tengo un título oficial en el ministerio ni ocupo un puesto en mi iglesia local, pero soy ministro de Jesucristo.
Durante los últimos años he sentido la necesidad de entender y obtener la promesa que se encuentra en Juan 14:12. En ese pasaje Jesús hace esta increíble declaración: «De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre» (RVR 1960). Jesús no presentó esto como una simple posibilidad, ¡es una promesa! Si el creyente cumple con el requisito de la fe, Jesús le promete que hará las obras de Jesús, ¡y aun mayores hará!
Esta promesa no es solamente para los líderes de la iglesia, es para todos los creyentes. Cuando Jesús hizo esta promesa no la limitó a líderes de la iglesia. De hecho, cuando Él dijo esto ¡no había líderes religiosos presentes! Puede que los líderes de su iglesia experimenten, o nunca experimenten, el máximo potencial de esta promesa, ¡pero no permita que eso lo detenga! Usted no necesita esperar por los líderes de su iglesia para asumir su propio desafío y comenzar a ‘hacer las obras de Jesús’. Si este deseo late en su corazón al igual que en el mío, ¡adelante! Recuerde que cuando llegó el momento en el que Jesús elegiría a los doce apóstoles encargados de llevar a cabo Su ministerio después de Su partida, Jesús no eligió a líderes religiosos. Jesús ignoró las ‘Escuelas bíblicas’ de aquel tiempo y eligió a personas comunes y corrientes, y las preparó para hacer cosas extraordinarias.
Es importante que recordemos que en ningún momento se pretendió que el pastor hiciera todo el trabajo del ministerio. En Efesios 4:12 (LBLA), Pablo nos enseña que cuando Jesús dio apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros a la Iglesia, lo hizo «a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo».
La Iglesia se describe como el Cuerpo de Cristo, conformada de muchos miembros. Todos tenemos funciones únicas y esenciales que desempeñar. Cada uno de nosotros tiene un papel fundamental que cumplir. Usted es una parte vital! No podemos hacerlo sin usted!
«Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito.» 1 Corintios 12:21 (LBLA)
¿Acepta usted el desafío?
En sus cartas a las siete iglesias en el libro de Apocalipsis, capítulos 2 y 3, Jesús inició con mensajes específicamente dirigidos a todos los miembros de la iglesia, pero al final de cada mensaje dio una invitación especial que prometía una recompensa maravillosa, no a toda la iglesia, pero a aquel individuo que se aparta del resto y acepta el desafío de Jesús de ser un vencedor. En esos mensajes, Jesús parece dar a entender que no todos los miembros de la iglesia aceptarán el desafío. Se dirige solamente a aquellos que desean más, a aquellos que no están satisfechos con lo ordinario y que están dispuestos a hacer cualquier sacrificio para vencer y obtener la extraordinaria recompensa final.
¿Acepta usted el desafío que Jesús le presenta? ¿Acepta dejar lo ordinario atrás y en su lugar elegir vencer cualquier obstáculo que se interponga en su camino y obtener el extraordinario premio, haciendo las obras de Jesús, e incluso obras más grandes?
¿Qué significa para hacer las obras de Jesús?
Creo que hacer las obras de Jesús implica aprender maneras prácticas de demostrar el poder y el amor de Jesucristo a aquellas personas con las que tenemos contacto día a día.
Se trata de traer la realidad de Cristo a nuestras vidas diarias.
Se trata de vivir una vida de poder y amor cada día.
Se trata de aprender a andar conforme al Espíritu momento a momento.
«El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo» 1 Juan 2:6 (RVR 1960)
Se trata de ser completamente transformado en la persona que Dios ha planificado que usted sea y de vivir la vida abundante que Dios desea que usted viva.
Con el fin de “hacer”, primero tenemos que “llegar a ser”.
Se trata de que nos convirtamos en una Iglesia que demuestre la realidad de Cristo a un mundo que perece ¡y que necesita ver pruebas!
La Meta
La meta no es prepararlo para que ocupe una posición en el organigrama de la iglesia. La meta es ayudarle a que cumpla el deseo que Dios ya ha puesto en su corazón hacia el ministerio.
Usted tiene un llamado de Dios en su vida. Podemos ayudarnos unos a otros a prepararlo a descubrir y cumplir el propósito que Dios tiene para su vida y a aprender más sobre quién realmente es en Cristo.
En este momento de gran cosecha, usted puede experimentar lo que significa a liberar su potencial para hacer las obras de Jesús, tal como Él prometió que lo haría (Juan 14:12), y a cumplir con el mandamiento de Jesús de amarnos los unos a los otros, así como Él nos ha amado (Juan 15:12). A medida que cada uno de nosotros se convierta en un discípulo que realmente ama a Jesús y al prójimo, y lo demuestre de manera diaria, la Iglesia será transformada. Nos convertiremos en una Iglesia que verdaderamente es luz para la ciudad, la nación y el mundo.
A medida que aprendamos a enfocarnos en dar para las necesidades de los demás, en lugar de solamente obtener bendiciones para nosotros mismos, nuestras vidas mostrarán a los demás un cristianismo verdadero, y comenzaremos a tomar los primeros pasos para el cumplimiento de la ‘Gran Comisión’ de ir y hacer discípulos de todas las naciones, enseñándoles a guardar todo lo que Jesús nos mandó (Mateo 28:19-20).
Este mensaje continúa en *Haciendo las obras de Jesús: Libro 1: Convertirse en un discípulo que ama. *
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